Museo de Man (Por Neviros)

En la localidad de Camelle (A Coruña) en medio de un envidiable paisaje (del que ya iré poniendo más fotos) encontré una de las historias más emocionantes, conmovedoras y tristes que he oído nunca.
En 1962 Manfred Gnädinger, un hombre alemán bien vestido y de impecables modales, llegó a este pequeño pueblo de pescadores gallego. Abrumado por la belleza del paisaje y de sus gentes decidió quedarse allí. Para siempre.
Consiguió un pequeño terreno en la orilla misma del mar. Algunos vecinos le ayudaron a levantar una pequeña “casa”, mas bien un refugio, en el que escribía poemas, observaba el mar, realizaba esculturas con piedras, esqueletos de animales marinos, cemento, cosas que arrastraba la marea… vivía.
Poco a poco su casa y el entorno que la rodeaba se fueron convirtiendo en su particular museo al aire libre. Llenándola de esculturas realizadas con materiales naturales. Una obra personal y muy ligada a la tierra, la naturaleza, el entorno… Una obra de respeto hacia el medio ambiente y al planeta.
Mientras tanto Man iba fundiéndose con la naturaleza y el ambiente que le rodeaba. Pasó el resto de su vida en Camelle viviendo casi como un asceta, con apenas un taparrabos como ropa verano e invierno, descalzo o con unas chanclas ocasionalmente y sin cortar su pelo ni su barba. Desplazándose a todas partes corriendo o a nado.
Algunos vecinos del pueblo le llevaban comida. Solo se alimentaba de vegetales, fruta y lo que podía conseguir de la pesca en la ría. Entrar en su casa y contemplar su museo costaba 100 pesetas (luego 1 euro), dinero que destinaba a comprar material para realizar sus esculturas y subsistir. Se dice que cuando su fama fue en aumento y mucha gente se acercaba a ver su obra, donaba el dinero que le sobraba a Cáritas.
A todo aquel que visitaba su casa le entregaba una libreta y unos lápices de colores, para que dibujase el museo, a él mismo o lo que quisiera, dejando el nombre y la fecha en la hoja. Manfred guardaba las libretas con los dibujos de todo el mundo que había pasado por allí.
Con la construcción del nuevo espigón del puerto sesgaron un buen trozo del museo de Man, dejando a un lado una de sus obras como testigo de hasta donde había llegado su arte. Sin embargo esta “afrenta” no le frenó. Realizó dibujos en el cemento fresco del muelle que siguen visibles hoy en día y extendió su creatividad a los alrededores.
Pero el 19 de Noviembre de 2002 el Prestige se partió frente a las cosas de Galicia inundando de “chapapote” casi toda la costa gallega y llegando hasta la mismísima puerta de la casa de Man. Manchando de negro todo su museo, toda su obra, realizada en los últimos 40 años de su vida con sus manos desnudas sin mas ayuda.
El diario El Mundo recogió palabras del propio Manfred tras la catástrofe: «Yo decir que esto no deber limpiarse nunca. Ser episodio de la Historia. Quedar así debe, para todos recordar quién es hombre. (…) Dolor, mucho dolor, porque hombre no querer a hombre, ni querer a mar, ni querer peces, ni querer a playas».
El 28 de Diciembre de ese mismo 2002 un vecino, alarmado porque la comida depositada días atrás en la puerta de Man seguía intacta, alertó a la guardia civil que lo encontró muerto en su refugio.
Desde la llegada de la marea negra (al igual en los 40 años que pasó en Galicia) Manfred se negó a abandonar su amada costa, a pesar de estar completamente manchada de negro fuel, caminaba descalzo entre las rocas, respiraba con normalidad donde el resto de la gente llevaba mascarillas y seguía durmiendo en su casa rodeada de petróleo por todas partes.
Se dice que no se le hizo la autopsia. Realmente a nadie en el pueblo le importaba lo que dijese el parte médico, en Camelle todo el mundo lo tiene claro: “Man murió de pena.”
Para aquel que quiera más info:

Reportaje y fotos por Neviros

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5 respuestas a Museo de Man (Por Neviros)

  1. Sibariam dijo:

    Neviros.Me ha gustado el reportaje. Conocí al alemán de Camelle a finales de los ochenta y he revivido todo lo que cuentas. Mis hijas dibujaron lo que se les ocurría en la libreta que les entregó. Yo le comenté algún parecido entre sus torres de piedras y el valle de Goreme,en Capadocia y le agradó la comparación. En algún cajón olvidado guardo alguna ektachrome de Manfred con su minúsculo taparrabos y su cubículo de ventanas imposibles. Alguien con información de primera mano, una década después, me comentó que tacita a tacita había amasado unos buenos dineros. Si el destino fue la beneficencia, o directamente su patrimonio ha nutrido las arcas de una entidad que anuncia un asturiano veloz, no lo sé. Reitero las gracias por tu artículo. Un abrazo.

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